sábado, julio 25, 2009

La verdadera medida de Alberto Contador


Alberto Contador, a sus 26 años casi 27, ganará mañana su segundo Tour de Francia y su cuarta gran carrera por etapas, después del Giro y la Vuelta del año pasado. No muchos corredores han logrado cuatro triunfos de ese calibre y mucho menos consecutivos: Merckx se llevó 11, Hinault llegó a 10, Anquetil, a 8, Armstrong, Coppi e Induráin se quedaron a 7... Grandes figuras como Bartali solo pudieron conseguir cinco -II Guerra Mundial de por medio- y héroes modernos como Toni Rominger (3 Vueltas y 1 Giro), Greg LeMond (3 Tours) o Pedro Delgado (2 Vueltas, 1 Tour) quedan ahora por detrás del de Pinto en términos de palmarés.

Su superioridad va más allá de los números: es el mejor del mundo contrarreloj junto a Cancellara y el mejor del mundo en montaña junto a Andy Schleck. Si las diferencias no han sido mayores se debe sin duda a un trazado algo absurdo, en el que apenas ha habido verdadera contrarreloj ni alta montaña. Muchos han hablado de una táctica conservadora de su equipo, pero a Contador en la práctica le ha venido genial estar en el equipo en el que estaba y no contra ese equipo. Probablemente, pudiera haber ganado el Tour igual corriendo en el Cervelò como Carlos Sastre, pero sin duda hubiera sido más complicado.

El Astaná lo ha dominado todo, para bien y para mal. Fuera y dentro de la carretera. El espectáculo de egos y poderes ha sido vergonzoso en ocasiones pero no ha afectado demasiado en la carrera. Desde luego no le ha afectado a Contador, que sigue cometiendo algunos errores impropios de su calidad, como demostró en la París-Niza y en la tercera etapa del Tour, quedándose absurdamente cortado en unos abanicos, al estilo Perico.

Su ataque en la última etapa alpina, descolgando a su propio compañero y quedándose con dos rivales peligrosísimos a falta de 20 kilómetros para llegar a meta fue propio de un juvenil, no ya por el hecho de perjudicar a alguien de tu equipo con opciones de podium, sino porque ese alguien hubiera trabajado para ti a muerte en caso de un inconveniente. Imaginen, por ejemplo, que el madrileño pinchara o sufriera una caída o simplemente cayera en una pájara como la de la citada París-Niza... Ahí hubiera tenido a Klöden a su lado.

Al menos, salvó los muebles con un pacto interesante con los hermanos Schleck: para vosotros, la etapa, pero no me ataquéis. Si me atacáis igual me complicáis la vida pero igual voy y os dejo con dos palmos de narices. Buen acuerdo.

La presión que ha tenido que soportar en su equipo ha sido insoportable, en eso estamos de acuerdo. El propio desprecio que supone anunciar el nuevo patrocinador justo cuando uno de sus corredores se juega medio Tour en la contrarreloj. La sensación de que Contador era un invitado incómodo y al que hay que atender bien por cortesía, pero no un verdadero compañero. Sin embargo, ya digo, en carrera le han ayudado: Armstrong prometió no atacarle y no le atacó en ningún momento. Francamente, Contador me parece un corredor atacable y el año que viene será interesante verle defenderse sin un gran equipo alrededor. Desde luego, Armstrong le va a tener unas ganas horribles y aunque dudo que el estadounidense pueda volver a ganar un Tour, está claro que podría hacérselo perder a Alberto y ser igualmente feliz.

Su imagen marcando a Wiggins camino del Grand Bornand a mí me pareció encomiable. No sé si estaba al nivel de seguir a los hermanos Schleck y a Contador, pero desde luego ni lo intentó. Se limitó a quedarse con el gran rival para la crono y desesperarle hasta que le dejó de rueda en los últimos kilómetros.

Lance nunca ocultó su disgusto por no ser el líder del equipo, pero aceptó sacrificarse en carrera, igual que Leipheimer se sacrificó en el Tour 2007 o en la Vuelta 2008, cuando tuvo opción de ganar y prefirió tirar de Contador o simplemente ni siquiera intentar atacarle.

¿Dominará Contador el futuro del ciclismo? Todo apunta a que sí. Desde luego, tiene una manera de correr extraña, con muchos errores tácticos, pero eso se puede achacar a su juventud y su exceso de ganas y confianza. De momento, con esos errores, ha ganado cuatro grandes vueltas, ¿qué hará con experiencia y buena colocación en carrera? La comparación con Induráin puede parecer exagerada a estas alturas, pero lo cierto es que el madrileño ha corrido más de la mitad del camino y, como sucedió con el navarro, no se perfilan rivales de entidad. Andy Schleck tendría que mejorar mucho contra el crono y aun así esperar a que Contador se descuelgue en montaña. Armstrong podría desquiciarle con emboscadas y abanicos, pero está demasiado mayor y no tiene las piernas del joven de Pinto.

Así pues, insidiosos rumores de doping aparte que siempre acompañarán este deporte, está claro que estamos ante una gran estrella. Un hombre llamado a pasar al panteón de los más grandes, a ganar 4-5 Tours y quizás otras 2-3 grandes vueltas en Italia o España. Su facilidad y potencia parecen fuera del alcance de cualquiera en este momento y tiene que pasar un tiempo hasta que otro gran campeón le haga frente y le destrone. ¿Andy Schleck, Vicenzo Nibali, Roman Kreuziger? El tiempo dirá.