miércoles, mayo 05, 2010

Hulk Hogan y El Último Guerrero


Telecinco nació justo en 1990 con un montón de programas ideales para el treceañero hormonado: Mamachichos, cacaomaravillaos, quintasmarchas, tuttifruttis, "Ay, qué calor" y películas "eróticas" de Jaimito y la profesora de turno. Aquello era el paraíso del pajero. Aunque decidieron no gastarse un duro en deporte, tenían un programa genérico llamado Pressing. Por ejemplo, si retransmitían un partido del Milan -Berlusconi, recuerden- lo llamaban Pressing Fútbol, si ponían combates de lucha libre americana, lo llamaban Pressing Catch.

De ahí el nombre, sí, aunque luego cambiara de cadena.

El Pressing Catch apareció de la nada más absoluta. Ninguno teníamos ni idea de quiénes eran esos tipos ni de dónde habían salido. Empezamos con la película a la mitad pero igual nos quedamos. El Hermano Amor tenía un show donde la gente se peleaba, el entrevistador era un calvo con bigote, casi todos llevaban unos trajes ceñidos de medio cuerpo y estaban gordos. El encanto de aquella lucha era precisamente ese: el elogio a la taruguez y a la enormidad grasienta. Nada de Divas, nada de guaperas. Aquellos tipos eran feos con ganas, rudos, groseros...

Cuando entraban al ring ya sabías quién iba a ganar porque siempre ganaba el que entraba el último, con su música rudimentaria de fondo. Nada de grandes composiciones. A mí me gustaba Mr. Perfecto. A otros compañeros de clase les gustaba más Jimmy Estaca Duggan o los Sacamantecas o Jake The Snake Roberts o incluso el contundente Terremoto Earthquake, que saltaba alrededor de su rival cuando este estaba en el suelo antes de lanzarse definitivamente sobre él.

Por supuesto, nos lo creíamos todo, y eso que, vistas en YouTube, las coreografías dejaban bastante que desear. Aunque tuviéramos nuestros favoritos, aquello era como en el fútbol, nos dividíamos entre los fans de Hulk Hogan y los del Último Guerrero, dos iconos de aquellos tiempos que seguían un ritual muy parecido: empezaban bravucones, les pegaban un par de hostias, andaban medio KO, les daba el baile de San Vito (Héctor del Mar dixit) y remontaban el combate.

Hulk Hogan era una leyenda. El Último Guerrero era nuestra leyenda. Imaginen que en Japón solo hubieran echado la liga española de 1979 a 1982, ¿quién pensarían los japoneses que era el mejor equipo de fútbol español? La Real Sociedad. Con el Último Guerrero pasó algo parecido. En realidad, solo tuvo un par de años buenos, pero fueron nuestros años, los de Telecinco, así que aquí se convirtió en una especie de leyenda que desde luego no es en Estados Unidos.

Eso lo aprendí muchos años después, por motivos profesionales. Incluso llegué a ver un combate en directo en Valencia, pie de lona, la arena metiéndose en el ojo de los luchadores fornidos y musculosos.

Volviendo atrás, sí podemos decir que el Último Guerrero estaba musculoso, pero ¿Hulk Hogan? Estaba incluso calvo y bastante fondón. Naturalmente, era mi favorito. El gran combate de aquellos años fue en un gran evento llamado Wrestlemania, algo así como el Campeonato del Mundo de la WWE -entonces, WWF- precisamente en 1990. Ganó Warrior y montaron un numerito en plan "cambio de guardia". No fue tal. Warrior era un pirado que acabó como predicador filonazi. Desapareció de la WWF y de las pantallas. Hay un documental maravilloso sobre el personaje, realmente maravilloso.

En 1991, empezó la Guerra del Golfo y todo fueron distracciones con banderas y turbantes. Las emisiones, dice la Wikipedia, duraron hasta 1994, pero yo honestamente no recuerdo nada a partir de 1992. Un jovencito llamado El Enterrador, con sus dos metros de altura y su traje negro. La película empezaba a la mitad y acababa también a medias. No sé si importó mucho, yo diría que no, tuvieron que pasar más de diez años hasta que volvieran a poner peleas de la WWE.

Entonces, ya digo, aquello era poco más que una competición de cuerpos anabolizados y bravatas increíbles. No quiero decir que el espectáculo hubiera cambiado, pero yo, seguramente, sí.