miércoles, diciembre 29, 2010

Como una ola


Así que terminamos de planear el menú de Nochevieja en el DeCine. La Chica Selectiva quiere algo glamouroso, especial, history in the making, y yo no dejo de proponer todo tipo de vulgaridades como tortillas de patatas precongeladas. Ha sido una tarde de descafeinados con Laura de Pedro y encuentros furtivos en La Petisqueira con Kiko Prada y Almudena Gallego. Cierta sensación de fin de fiesta, como si algo -quizás un año, pero no solo un año sino una plaga convertida en año- se estuviera acabando y provocara un lógico alivio.

Como es una chica meticulosa, mucho más que Fer y yo, desde luego, la Chica Selectiva apunta todo lo que vamos a cenar con esa envidiable elegancia femenina que hace que incluso una servilleta parezca un cuaderno de clase: salmón ahumado, jamón ibérico, jamón de york, langostinos, la citada tortilla, queso, tiramisú y probablemente ensalada y patatas para acompañar.

De ahí nos vamos al Colonial porque es la fiesta sorpresa de la Chica Portada, recién vuelta de Nueva York para las Navidades. Me he acostumbrado a esa clase de chica pianista y adorable que vuelve de Nueva York unos pocos días y consigue que todo sea especial. No digo que sea fácil, sino que me he acostumbrado. Tampoco digo que sea fácil para ellas. Nos preguntamos cuánto tiempo hace que no vamos al Colonial, nosotros, que hace cinco años no perdonábamos una noche. 2010, de nuevo, ese año apestoso. La niña baila "So long, farewell" acompañada de otra niña. La generación del 84 y sus adorables Campanillas.

Cuando cierran vamos al Honky. Está bien ir al Honky un martes porque no hay nadie en la planta de abajo y no hay que pelearse, como mucho ignorar a los borrachos que persiguen a las chicas. Cómo culparles si yo mismo persigo a las chicas detrás de cada columna y propongo apuestas muy bien pagadas. Cerramos el Honky. Si alguien me dice esta mañana que voy a cerrar el Honky me parto de risa. O de rabia. Pero sí, cerramos el Honky y yo no me quiero ir a casa y la Chica Portada dice que me acompaña donde sea, así que ahí estamos los cuatro: Chica Portada -Rubio-, Chica Selectiva, Fer Heads y yo en un taxi hacia Almirante donde sabemos que al menos tendremos una hora más de música y decadencia. Una hora cara, pero necesaria.

Toni 2. Mucho alcohol ya. El portero nos confirma: "Una hora". Bien, una hora debería ser suficiente. Fer y yo conocemos el sitio. Carmen puede que también. Álida parece que no. Somos los chicos bien del indie metidos a bailarines de Pedro Navaja. Con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la  ley. Me gusta cuando saco lo peor que tienen dentro, esa hortera que se sabe todas las canciones de Perales -o al menos algunas- a la que llevan años ocultando tras gafas de pasta y conciertos de Arcade Fire. Me gusta cuando soy malvado, algo parecido a un ciclón. La vitalidad, de nuevo.

Los fotógrafos nos roban copas y tiempo. No ponen Rocío Jurado. No ponen Julio Iglesias. A cambio cierran con "Escuela de calor" -lo más moderno que se ha oído en el sitio en años- y Rubén Blades. Bailamos dentro y fuera. Nos gusta bailar, de repente, un-dos-tres, un-dos-tres. Esquivamos peruanos románticos. Las niñas llevan rosas en la mano pero ninguna se la hemos regalado nosotros. Los bares engañan: parece que abren pero no. Parece que ofrecen comida pero no pasan del café y los bollos. Nosotros queremos dulce como el vino y salado como el mar. Somos estupendos con nuestras caras de cansancio eufórico a las 8 de la mañana en el bar de al lado del Malaspina, donde una señora nos regaña todo el rato por todo: nos hemos sentado en la mesa incorrecta, hemos pedido las bebidas incorrectas, incluso la Chica Portada se atreve a dejarse caer sobre la mesa, mitad apoyada en su brazo, mitad en el mío.

No sé cuánto he echado de menos a la Chica Portada y no sé cuánto tiempo. Ella, aunque no solo ella, fue 2007. Y 2006 si me apuran.

En fin, empieza a clarear. Se está haciendo tarde y empieza a refrescar y se está nublando el cielo y nos vamos a mojar así que "adiós cariño, adiós mi amor". Nadie es más feliz que la Chica Selectiva en su autobús rumbo a casa. Nadie es más feliz que la Chica Portada en su correspondencia con la línea 2, anticipando churritos y porritas. Nadie es tan feliz como Fer y yo, especialmente yo porque yo dejé de ser hace mucho el tipo que algún día fui y volver a serlo de vez en cuando no está nada mal. Gran Vía y Tribunal. Media canción de Sabina. Con eso nos basta. Las vecinas salen a trabajar y yo entro con algo parecido a una serenidad fingida. En Spotify suena "Como una ola". Demasiado tarde, quizás. O justo a tiempo. Algún día miraremos atrás, en serio, a estas noches de incendio, las de hace tres años y la de ayer y pensaremos que quizá no todas las decisiones fueron lo suficientemente valientes y que quizás alguien debió de haber perdido la cabeza y gritar "creo que voy a empezar a romperme".

Pero fueron nuestras decisiones. Time, truth and heart.