domingo, mayo 06, 2012

Lichis, Lichis, Lichis...


Ya he comentado alguna vez que hubo una temporada en la que no le cogía el teléfono a Lichis. Eso ya de entrada quiere decir que hubo una temporada en la que Lichis me llamaba, y precisamente eso era lo que me paralizaba: de repente sonaba el móvil, veía su nombre en la pantalla líquida y me quedaba petrificado, incapaz de coger la llamada, sin acabar de entender qué podía interesarle de mí a un hombre tan excesivamente genial. Así que, bueno, me limitaba a dejarlo sonar y cuando recomponía mi ego le devolvía la llamada, empezaba con un "¿Qué tal, maestro?" y cerraba los ojos confiando en no cagarla demasiado.

Obviamente, no siempre fue así. Un día incluso me animé a llamarle yo. LC había aparecido por Madrid y yo me sentía como un reclutador de talentos de universidad americana, empeñado en enseñarle cada rincón de ese campus que era mi vida en 2008. Lichis llevaba poco tiempo en Madrid y en el Café de La Palma tocaba uno de sus antiguos grupos, no recuerdo ahora el nombre. Le dije que se viniera y ahí estábamos los tres: Lichis, LC y yo escuchando a un grupo de hip-hop con aires de mestizaje, o eso creo recordar, sin demasiado que contarnos, pero contentos, Miguel siempre llamando "preciosa" a Laura, como si de alguna manera estuviera dando el visto bueno a algo que no existía.

Yo conozco a mucha gente con talento pero genios, solo dos: Lichis y Roger Federer. Quizá Leo Messi, pero su exuberancia a veces le quita magia.

Cuatro años después, Lichis de nuevo en una cervecería de la calle Hartzenbusch. Un abrazo y un beso y la misma incomodidad del que cree que estorba con su presencia. Junto a Lichis, Dani Flaco, que viene a tocar a Madrid después de demasiado tiempo, Pepo, Vicky y un corto etcétera. Me vuelve a pasar lo mismo de siempre: no sé qué decirle. Le hablo de la entrevista que le hice hace siete años. "Yo tengo ahora la edad que tú tenías entonces", le digo, pero no le explico lo que en realidad pienso de esa frase. No me salen las palabras, estoy pastoso y tenso, en general. "Yo tengo la edad a la que tú ya eras un genio y no lo soy y tengo miedo de no serlo nunca, como si fuera sensato tener miedo de no ser un genio, valiente gilipollez". La frase de verdad era esa.

Eso es lo que quiero decir pero no lo digo y solamente sonreímos y me abraza de nuevo y el concierto es fantástico, en serio, de los mejores que le he visto a Dani, porque sus canciones son muy buenas, porque Pepo es un acompañante de auténtico lujo y porque no deja que la tradicional falta de respeto de la Sala Clamores a sus artistas le afecte. Con todo, yo sigo nervioso y cansado. Me siento en un sofá de la parte de atrás, buscando un ángulo entre columnas. No puede ser que haga tanto tiempo desde aquellas noches de incendio, pero sí, se conoce que sí y lo peor es que no lo echo de menos. Lo peor es que cuando todos deciden irse -Javier Krahe, incluido- a seguir la noche en cualquier otro lado, yo no me siento mal al darles un beso e irme a la cama, como los niños buenos.

Me siento culpable, pero no me siento mal. Me siento un soso, pero no me da rabia. No creo que me esté explicando.

La Chica Diploma me escucha y espero que me comprenda. No soy fácil de comprender. Supongo que tengo pánico a resultar un tipo aburrido y que incluso ella deje de quererme. No creo que sea un análisis sensato de la realidad, pero la realidad y yo llevamos demasiados años en conflicto permanente. Lo que queda es el abrigo puesto, el último abrazo con Lichis y sus palabras: "Te quiero un montón", que creo que son verdad y que, en el fondo, Lichis y yo deberíamos vernos más. Tengo demasiado miedo, solo es eso. Demasiadas cosas que agradecerle, demasiadas canciones que han sido mi vida. A ver si lo siguiente va a ser Roger Federer invitándome a ver la final de la Champions con Mirka y las gemelas.