sábado, junio 07, 2014

La Chica Diploma y las fiestas literarias


Hace dos años, la Chica Diploma me acompañó a la fiesta de lo que entonces era Mondadori, sin más. No llevábamos juntos ni seis meses y yo la pedí que viniera conmigo porque las fiestas literarias me dan pánico, una sensación de no encajar que quizá se vaya pasando con el tiempo pero que sigue ahí, acechando tras cada gin-tonic. Son muchos y parecen peligrosos. Tener a la Chica Diploma al lado lo cambiaba todo, porque a la Chica Diploma este mundo no le da miedo alguno y desde luego no le provoca ninguna inseguridad. Otra cosa sería un congreso de fisioterapeutas, pero aun así yo creo que se manejaría con su soltura habitual.

El caso es que estuvo un rato, tampoco toda la noche, lo justo para charlar con un Aleix Saló que por entonces aún no era una celebridad y con el que compartía año de nacimiento, conocer a la increíble Lara Moreno, sorprenderse con la vitalidad de Darío Adanti y sus incipientes chicos de "Mongolia" y abandonar aquello antes que se desmadrara demasiado, chica responsable que tiene que madrugar al día siguiente. Nada más irse, como en las películas, salí corriendo detrás de ella, igual que un niño detrás de su madre, para besarla por última vez en medio de la calle y prometerla algo así como que me iba a portar bien, ser fuerte y no temerle a los dragones.

Cuando volví a la Teatriz, borracho perdido, cogí a Lara por banda y le dije aquello tan Robert Smith en Muchachada Nuí de "Si es que se supone que yo soy grunge y fatalista pero esta chica es la mujer de mi vida" y como soy tauro y obstinado llevé la convicción a sus últimas consecuencias y ahora estamos casados y esperando un hijo, ella esperándolo más que yo porque al fin y al cabo lo lleva encima y se le está empezando a hacer la cosa un poquito larga.

Dos años después, ni Mondadori es Mondadori sino Penguin Random House ni la Chica Diploma necesita acompañarme a los eventos sociales porque que ya he aprendido a comportarme y puedo ir yo solito. La que sigue siendo la misma es Lara, con esa sonrisa suya, ese sentirse en casa cuando se habla con ella. Hacemos balance y el balance es bueno. Hijos e hijas aparte, ella está en Lumen y yo en Debate y ya no venimos como curiosos sino como autores, que es por lo que venimos luchando.

Como este año tengo tres libros en la Feria con sus correspondientes días de firma, la de Penguin es la cuarta fiesta por la que me paso. Uno siempre ve con distancia estas cosas y es bueno conocerlo de primera mano, una especie de estudio sociológico. El otro día hablaba con Javi Gutiérrez sobre quién era el mejor escritor de nuestra generación, un debate sin solución posible. Él dijo Alberto Olmos y yo dije Andrés Barba y a los dos nos pareció que el otro tenía parte de razón. Andrés estuvo en la fiesta de Contexto y Alberto en la de Penguin. Nosotros estuvimos en las dos, lo que nos convierte en un poco peor escritores porque, cortesías editoriales y reencuentros amistosos aparte, lo cierto es que uno tiende a pensar que el mejor escritor de una generación no puede estar en una fiesta de la Feria sino en algún lugar leyendo, escribiendo o emborrachándose como un cosaco... pero despreocupado por completo de la industria y de lo que rodea a los libros, porque cuando uno se está mirando las manos todo el rato es complicado que consiga tocar bien el piano.

Sin embargo, ahí estamos, por poder vacilar con Jorge Díaz un rato o ver al propio Aleix en nuestra cita anual, y está bien que estemos, quiero decir, no es ningún drama... pero sigue habiendo algo extraño, algo de hoguera de vanidades en la que me acabo perdiendo porque al fin y al cabo Alberto no me conoce como escritor sino como el chico que iba con su portátil por el Festival Eñe 2011, escondido tras alguna columna, manejándose en la penumbra y actualizando el blog oficial, sin relacionarse con nadie, estajanovista. Quizá esa sea la imagen que quiera dar o la imagen que no me queda más remedio que dar porque es la que hay. Ni yo ni mi psicólogo conseguimos descubrirlo nunca. El caso es que incluso en mi sello editorial acabo apartándome un poco, saliendo a una especie de terraza en plena María de Molina, con el móvil en la mano, algo ausente, llamando a la Chica Diploma para decirle eso, que estoy ausente, pero bien; que me conocen, pero poco y no por lo que yo querría y convencerme, de paso, de que eso no se soluciona yendo a más fiestas en las cuatro puntas de la ciudad ni firmando más tiempo -creo que es imposible- en cuantas casetas se ofrezcan, sino escribiendo y escribiendo bien.

Cosa que, como bien saben, no es tan fácil. Si no, ya me dirían el mérito...