martes, diciembre 30, 2014

Rape me



Se nos hace tarde y acabamos comiendo a las cuatro y pico, algo habitual con el niño de por medio. En la tele solo queda el final del parte del tiempo y el principio de una serie en la que Sara Rivero aparece todo el rato, así que suponemos que es la protagonista. Le pregunto por WhatsApp y resulta que sí, que es la protagonista desde junio. La Chica Diploma y yo nos alegramos: conocimos a Sara hace un par de años en Medina del Campo y desde el principio decidió ser un encanto, la típica persona que cuando habla contigo no anda mirando por encima del hombro a ver si ve un productor al que lanzarse.

Eso, el primer año, cuando acabamos cenando al lado de su casa y ella se bajó solo para darnos un beso de despedida. Al año siguiente, ya casados y con la Chica Diploma en casa con sus siete meses de embarazo, Sara Rivero convertida en Chica Velvet, compañera inseparable durante dos días de festival pese a todos sus compromisos, que eran muchos. Supo detectar al chico tímido y rescatarlo y eso siempre hace del mundo un lugar mejor. Lo que me gusta de Sara es ese gesto que tiene de estar siempre pensando en algo. Es un gesto entrañable, como si quisiera anticiparse al siguiente movimiento, pero a la vez inquietante: uno tiene miedo de que el presente no le interese demasiado.

En cualquier caso, son buenos tiempos para los "chicos de Medina": David Pinillos sigue nominado regularmente a Premios Goya, Marian Álvarez no deja de ganar cosas desde hace un año y pico, Andrea Trepat está en todas las paredes del metro de Madrid con su "Club de los incomprendidos" y a la única que realmente echo de menos es a la Chica Imán, allá por Buenos Aires buscándose la vida. Igual que Sara parece empeñada en adelantarse, la Chica Imán tiene cierto gusto por el retraso, por complicar las cosas para llegar un poco más tarde, demasiado fácil el camino si se hace recto. Lo curioso es que las dos fueran compañeras de piso tanto tiempo.

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Volver de la biblioteca a las nueve de la noche de un 29 de diciembre. El propio concepto de "29 de diciembre" como algo ajeno, algo que no se está viviendo con la intensidad y los nervios que siempre han acompañado al final de un año. Con el Niño Bonito los días pasan y cada uno es una aventura en sí mismo. Hace frío en Madrid. Sé que no es una gran noticia pero hace frío en Madrid y hay que decirlo. Bajo por Delicias con la mochila a la espalda y al girar por el Museo de Ferrocarril me encuentro con unos chicos sentados en un banco escuchando música.

La canción. El sonido lejano de la canción que ya dispara las alertas. Tienen unos veinte años y no deberían estar escuchando Nirvana pero sí, es Nirvana, y es "Rape me" y las guitarras vuelven a estallar cuando suena el "I´m not the only one, I´m not the only one". Otra generación de desarraigados, estamos listos. Luego caminar por Párroco Eusebio Cuenca con una cierta alegría estúpida, una alegría de continuidad generacional, como si efectivamente no fuera el único, no fuéramos los únicos.

29 de diciembre. Dos días para fin de año y cinco para la mudanza. No sé si es más extraña la sensación de que ya ningún día será nochevieja hasta que el Niño Bonito así lo quiera o la conciencia de que Arganzuela Planetario, ese improbable ecosistema, se acaba para empezar algo nuevo. Ein neues leben beginnen. Esta tarde se lo decía a la Chica Diploma con una sonrisa en la boca. Una sonrisa involuntaria, de las que delatan. Al igual que la Chica Imán yo soy de los que necesita de vez en cuando barajar y repartir de nuevo.

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Ahora mismo, en la portada digital de El Mundo, Keira Knightley se revela contra no sé qué del cuerpo femenino. Son las ocho y cuarto de la mañana, empieza el pico de las lecturas y ahí está la uve de la ira luciendo en medio de la página. El periodismo actual es eso: alguien que escribe a toda velocidad y se equivoca de palabra y nadie al otro lado para corregir, revisar o editar el texto que se publica. La posibilidad de que ese periodismo sea un negocio es obviamente absurda.